Santiago, 28 de diciembre de 2000

Señor Director:

Adiós Siglo XX

Se nos va el siglo XX, sin pena ni gloria. Lo enterraron un año antes de su muerte. Para los mayores, se ha cumplido un hito cronológico con el que soñábamos desde hace muchas décadas. De cierta manera el que se va es nuestro siglo. El próximo no será igual. Posiblemente nos sintamos como extranjeros en un siglo que no nos pertenece.  Tal vez ya sea hora de no preocuparnos más de los años, meses y días, y confiar en que realmente tengamos un destino trascendente que perdure por los siglos de los siglos.

Los jóvenes, para quienes la llegada del 2000 fue algo natural, pronto olvidarán el siglo en que nacieron. Se sumergirán con entusiasmo en el siglo XXI, hasta que un día una nueva generación nacida en ese siglo los empiecen a mirar como cosa del pasado, tal como nosotros mirábamos a los del siglo XIX que nos tocó conocer.

Esa nueva generación aspirará a llegar al siglo XXII. Ya han nacido algunos que lo lograrán. Poco a poco nos iremos apagando para dejarles su lugar. ¿Mirarán alguna vez hacia atrás? ¿Que pensarán de nuestro siglo XX, que creímos era la quintaesencia de la modernidad? Con sus Guerras Mundiales, totalitarismos y genocidios. Pero también con la penicilina, las comunicaciones globales, el avión y la exploración espacial. ¿Tendrán ellos un adjetivo  para nosotros, así  como hoy decimos dieciochesco o decimonónico? ¿Cambiarán tanto sus vidas como cambiaron las de nuestros abuelos entre el siglo XIX y el XX? ¿Y que dirán de algunas de las herencias que les dejamos, como la bomba atómica, la droga o el SIDA?

Pienso que el siglo XX quedará en la historia como una luminosidad especial. Su mismo nombre y expresión tienen algo de mágico. Realmente respondió a las expectativas de los que celebraron su nacimiento hace 100 años. Encontró una humanidad adolescente y se despide con una humanidad casi adulta. Sólo falta que los grandes beneficios materiales que el siglo XX trajo a muchos de nosotros, se extiendan a todos los habitantes del planeta, manteniendo al mismo tiempo el vínculo espiritual con las grandes creaciones intelectuales, artísticas y religiosas de todos los siglos anteriores. Esa es la gran misión y desafío que les dejamos a Ustedes, hombres del siglo XXI.
 

Eduardo Vila-Echagüe C.