Santiago, 19 de agosto de 2007

Diario El Mercurio

Señor Director:

REFORMA PREVISIONAL CONYUGAL

Al leer la carta de Julio Ditborn del pasado 19 de agosto, veo que la Reforma Previsional que se está tramitando no soluciona una situación de manifiesta inequidad entre los cónyuges que presenta la actual legislación. El siguiente ejemplo real la pone de manifiesto.

Una mujer contrae matrimonio en su juventud con un oficial. Durante muchos años lo debe acompañar a distintos destinos con sus hijos, sin ninguna posibilidad de desarrollar actividades remuneradas propias. Cuando cumple 45 años su marido la abandona por otra y al poco tiempo se retira del Ejército y tramita su divorcio. La señora no tiene ningún derecho a la pensión de su marido. A su edad sólo consigue un trabajo mal remunerado y con los años que le quedan de vida laboral, no podrá alcanzar una pensión medianamente digna. Hay decenas de miles de casos parecidos en Chile, con innumerables mujeres en la miseria después de haber sacrificado la mejor parte de su vida por su familia.

La solución que propongo para esta notoria injusticia es la siguiente. Mientras dure el matrimonio, sea cual fuere el régimen conyugal, todos los fondos previsionales obligatorios aportados por ambos cónyuges se dividen por mitades y se depositan en cuentas individuales de cada cónyuge. A su debido tiempo, cada uno podrá jubilar por separado, según su conveniencia. En el caso de las pensiones militares, cuando se produce el retiro, la pensión se distribuye entre el pensionado y su cónyuge o sus sucesivas cónyuges, en proporción a los años de duración de los respectivos matrimonios durante el servicio.

No veo dificultad en aplicar esto en forma retroactiva, al menos parcialmente. Parece una solución mucho más equitativa que el propuesto salario a la dueña de casa.