Querido amigo:

Antes que nada ¡Feliz cumpleaños! ¿Cuántos? Más o menos los míos. Muchos años para atrás, algunos más para adelante. El número no es lo importante, sino la oportunidad. ¿Oportunidad de qué? De ser cada vez mejores, que es lo realmente importante que nos queda aún por delante.

Supe de tu accidente quizás antes que ninguno de nuestros compañeros. Me lo cmunicó mi hermana, a quien se lo contó tu cuñada, que creo había estado allí cuando pasó. Por nuestros compañeros de colegio me fui enterando de tu evolución, de la lucha con tu propio cuerpo, seguramente acompañada de otra igualmente importante dentro de tu espíritu.

Todos tenemos nuestras luchas, algunas más fáciles, otras más difíciles. La tuya, particularmente dura. Buscando el sentido de todo esto, me vino a la memoria el lema del Newman, nuestro colegio. Aquel que teníamos bordado en el bolsillo del saco bordó: 'Certa Bonum Certamen'. el que traducido en el castellano básico de los brothers, se convirtió en: 'Lucha la buena lucha'.

¿De dónde salió esta frase? Una vez estaba en una misa el día de San Pedro y San Pablo. Cuando leyeron la epístola de este último, escuché lo siguiente: "... y el momento de mi partida se aproxima: he peleado hasta el fin el buen combate, concluí mi carrera, conservé la fe." La frase era de 2 Timoteo 4,7. Busqué en el viejo misal que me regaló mi madre el equivalente en latín de la frase, pero no era el lema exacto del colegio. Pero sí había en ese lugar una referencia a 1 Timoteo 6,12, donde finalmente encontré nuestro 'certa bonum certamen'. En resumen, el apóstol al final de su carrera se consideraba satisfecho de haber podido cumplir con lo que tiempo antes le pedía a su discípulo Timoteo. Él no dice si ganó o perdió la lucha, no cuenta la cantidad de paganos que convirtió ni los adversarios que derrotó, sólo le basta con saber que había luchado en el bando correcto, que había luchado la buena lucha.

¿Cuál es el bando correcto? Recuerdo el caso de un amigo de mi hermano. Un día se tiró por el lado equivocado a la pileta de un campo que administraba y quedó tetraplégico. Su cuerpo ya no funcionaba como ántes, pero su espíritu nos superó a todos. Era tan grato estar con él, que sus amigos estaban felices de acarrearlo para todos lados, incluso hasta una cancha de fútbol. Apenas podía mover los brazos, pero completó su carrera y después fue profesor en la universidad. Me acuerdo de haberlo ayudado con unos programas de las Texas Instrument de la época. Como en esa época no había computadoras ni internet, aprendió a ser radioaficionado, y recuerdo habérmelo encontrado una vez en Pinamar invitado por un señor Cavanagh que no lo había visto en su vida; sólo lo había escuchado a través del éter. Por último, se casó con una señora buenísima que lo conoció mucho después del accidente.

El ejemplo que él nos dio a todos en ese estado, no lo hubiera podido dar sin el accidente. Ciertamente que luchó la buena lucha y como San Pablo sabe que recibirá su premio al final de su carrera. El por qué a algunos le toca más pesado que a otros es un gran misterio. Quizás esté relacionado con el por qué Cristo necesitó de Simon de Cirene para que le ayudara a llevar su cruz. Es como si Dios con toda su omnipotencia necesitara de los hombres para llevar adelante su Reino. Hombres que como vos, estén dispuestos a luchar la buena lucha, aún en las condiciones más adversas.

Tampoco vos estás solo. Tenés tu mujer a tu lado sufriendo su propia cruz, tal como la Virgen cuando veía pasar a su Hijo.

Ojalá el último día, todos podamos decir como el Apóstol: 'bonum certamen certavi', 'luché la buena lucha'.

Un gran abrazo desde Chile para los dos.